A
veces trato de negarlo.
-¿Te
gusta, y mucho verdad?
-¡Por
favor ¿qué dices?!
Y la
verdad es que no sé porque, pero lo hago. Quizás, por miedo a lo que pueda
pasar, por miedo a hacerle frente. Aunque hay veces en las que tumbada en mi
cama, miro al techo tratando de buscar límites y me paro a pensar... Es
entonces cuando me planteo el simple hecho de reconocerlo, ¿total? , ¿Qué tiene
de malo? Qué sentido tendría seguir con esto, si todas las personas que en
realidad me conocen, e incluso yo, sé que es mentira. Después prometo no volver
a tratar de engañarme a mí misma, en motivos tan absurdos como estos. - ¡Pues
sí, me gusta! … y no me imaginaría nada sin él.
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